Las razones para apostar al trigo (y creer que no todo está perdido este año en el campo)

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La semana próxima, apenas haya finalizado la cosecha del paupérrimo cultivo de soja, empezará a acelerar una siembra de cultivos de invierno muy peculiar. Por un lado, la cebada mantendrá la estabilidad que le es habitual y la colza es posible que continúe su crecimiento, al igual que su cultivo comparable, la carinata, una novedad que se afianza.

Pero donde hay mucho para ver y no puede proyectarse fácilmente qué sucederá es con el trigo, un cultivo que viene en franca caída del área hasta el presente, pero que tiene chances de repuntar en la presente siembra.

¿Logrará repuntar como debieran indicar los US$ 250 que se pagan hoy por la tonelada? ¿Seguirá el curso de Argentina donde se espera una producción récord de 20 millones de toneladas? Es una siembra para observar si la suba del dólar y del precio de los granos es suficiente para generar un cambio de tendencia.
En principio estaría todo para que el área de trigo aumentara y los productores intentaran una revancha. Un año, el primero en muchos, en el que los cultivos de invierno aporten al margen en magnitud similar a los de verano. El precio es sensiblemente mayor al del año pasado en dólares. Y los dólares parece que recuperan valor. Aunque la comparación sea respecto a precios muy bajos, aunque la suba del dólar sea apenas para volver a valores de 2016, el área debería aumentar.

Pero no está claro que vaya a contarse con financiación para esa mayor superficie posible. En una cuenta rápida, un cultivo de 3.500 kilos debería permitir facturar US$ 700 contra un costo de US$ 600, dejando un neto cercano a US$ 100 por hectárea. Y por supuesto que si, como todo hace suponer, se siembra en fecha, en un año de clima normal, los 4.000 kilos son una meta alcanzable. Una buena antesala para intentar que la soja brinde este año lo que no dio en la cosecha pasada y permita ir achicando deudas que, de lo contrario, pueden descontrolarse.

Apenas las cosechadoras terminen esta semana de levantar un desastroso cultivo de soja, maíz y sorgo, comenzará una siembra que va a ser decisiva, con buenas perspectivas, pero también con fuertes pasivos.

En buena medida, si el área logra aumentar será una demostración de resiliencia del sistema. De capacidad de sobreponerse a las adversidades pasadas para captar las oportunidades futuras y de ingenio para superar dos cosechas adversas que dejaron un tendal de pérdidas, balances negativos que hacen difícil para un banco soslayar y renovar el crédito imprescindible para hacer un cultivo. 

Si el área aumenta será también porque hay un uso inédito de granos por parte de la ganadería que está impulsando el de los cereales. No alcanzan el maíz y el sorgo, que antes eran la base de la suplementación con grano y cada vez se usa más trigo y cebada.

Los molinos deben competir más que años anteriores para hacerse con el grano. Y eso no solo sucede en Uruguay, sino también en los países vecinos, donde la expansión de la producción de aves, cerdos y del uso de grano en la alimentación de los vacunos ha vuelto insuficiente la oferta de maíz y ha generado un faltante de granos de cereales que tiene una clara incidencia en los precios.

Se puede salir del CTI

Hay varias razones para apostar al trigo. Por un lado el precio del grano disponible, US$ 265 por tonelada, es el más alto desde 2014 en dólares y marca esa escasez importante de granos que se observa en toda la región. En materia de precios además ya se está ofreciendo US$ 200 para cerrar grano de la cosecha a noviembre, lo que permitiría plantar con un nivel de certeza que hace tiempo no se observa.

Por otra parte, dada la angustiante situación y la perspectiva interesante, es un año en el que lograr dos cosechas favorables es de gran importancia y puede sacar a la agricultura de los cuidados intensivos en que se encuentra.

Además de los factores internos y regionales de precios, hay otros externos observados con atención. Hay tres zonas productoras de trigo que están climáticamente amenazadas: Estados Unidos, Australia y Rusia son ejemplos de situaciones que aunque todavía no son de catástrofe, pero sí son de riesgo y por lo tanto los precios pueden subir bastante más si el faltante de agua se agrava. Al menos Estados Unidos y Rusia no repetirían los muy buenos rendimientos del año pasado y las reservas mundiales tendrán un ligero descenso. 

El valor de asegurar los US$ 200


Pero es una situación inestable. Por un lado a cada agravamiento de la sequía en cualquiera de esas zonas el precio sube. Pero todavía hay un nivel muy importante de reservas, por lo que una normalización de las lluvias lleva rápidamente a una corrección de los precios. Y en particular, si Argentina logra las 20 millones de toneladas que actualmente proyecta la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el mercado a la cosecha puede ser diferente al actual, dominado por lo escaso de la cosecha pasada. Por eso tener la certeza o intentar asegurar los US$ 200 es tan trascendente. Convertidos a pesos actuales hacen una diferencia importante respecto a los precios del año pasado y permiten que la soja de segunda que venga atrás tenga los costos casi cubiertos. Y por esa soja se pueden desde ya asegurar US$ 365 por tonelada, lo que no es un mal arranque.
Otro factor interesante al comienzo de la zafra es el meteorológico. Luego de siembras con la Niña o el Niño, esta se haría con el océano Pacífico neutral, lo que da cierto margen para esperar que el clima no sea tan disruptivo como el año pasado. A priori, sembrando en fecha, un cultivo de 4.000 kilos por hectárea es alcanzable.

En Uruguay el área de trigo se mantuvo a lo largo del siglo XX en torno a 150 mil hectáreas. El envión de precios de unos años atrás llevó esa superficie a un máximo histórico de casi 600 mil hectáreas en 2011, para caer hasta 197 mil hectáreas el año pasado. Hasta dos meses atrás, en la Expoactiva, el panorama era que la superficie siguiera bajando. Pero ahora es otro dólar, otro mercado, aunque también son otras deudas.
El área que se siembre a partir de esta semana dirá mucho más que cuánto trigo puede cosecharse sobre fin de año. Dirá cuán capaz es la agricultura de resistir y reponerse del viento en contra de las últimas cosechas. Y cuanto estimula tener el nuevo dólar arriba de $ 30.

Daño casi irreversible en la cosecha de Estados Unidos

La falta de lluvias ha dañado de una manera que no tiene vuelta atrás a los cultivos de trigo estadounidenses, algo que impacta favorablemente no solo sobre el mercado del cultivo panadero, sino también sobre el de cebada que en Uruguay se referencia en base al trigo de Chicago en su posición diciembre, lo que está permitiendo precios en torno a US$ 205 por la cebada.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), evaluó esta semana que solo 36% del trigo de ese país está en buen estado, frente a 52% del año pasado. Aunque vienen algunas lluvias que se espera alivien la situación del cultivo, los analistas privados consideran que ya es tarde para que se logre una reversión de lo que se espera sea una mala cosecha.

Aunque lleguen algunas lluvias, el mercado considera que ya es muy tarde para que puedan revertir significativamente el estado de los cultivos, explicó a Reuters, Ted Seifried, analista de Zaner Ag Hedge.

Tras ese dato, el martes el trigo en Estados Unidos subió fuerte, ya que se esperaba una leve mejora en el estado de los cultivos que ya están espigados en un 70%. Dada la baja estructural de la superficie triguera estadounidense, el dato parece asegurar el sostén de Chicago hasta la cosecha del hemisferio Sur.

Fonte: El Observador



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